FALACIAS CONTRA LA NO CONFESIONALIDAD

ConfesionalidadDelEstado

Se puede sostener que la lentitud en adoptar posturas no confesionales por parte de los partidos políticos ha sido proverbial en estas latitudes. Esto ha producido dos consecuencias negativas. La primera ha generado contradicciones manifiestas en la conducta de los militantes y dirigentes del mismo partido, que no tiene un discurso uniforme sobre materia tan importante. La segunda, dada la falta de esta reflexión interna, ha producido una serie de falacias o argucias verbales que utilizan los cargos públicos para evadirse de sus obligaciones no confesionales.

Falacias que se asientan en tópicos seculares de los que, quienes los sostienen, son incapaces de salirse aunque se les argumente sin adjetivos. Con decir que no entendemos nada de lo que supone esta tradición en la configuración de la identidad popular, creen haberlo dicho todo. Ciertamente, no se entiende que, después de atribuirnos estar en posesión de un encefalograma poco riguroso, nuestra crítica provoque tanta adrenalina en quienes se sienten agredidos por aquella. Con ignorarnos sería más que suficiente. Pero tienen que defender sea como sea sus creencias. Comportamiento insólito, por cuanto que no cuestionamos estas creencias en la medida en que no invadan el territorio de la pluralidad y la no confesionalidad constitucional. Cada cual es esclavo de llenarse los orificios de su existencia con los algodones autónomos o heterónomos que le pida el cuerpo. ¿Que lo hace con la fe? ¿Que lo hace con el ateísmo? Cuestión personal que no discutiremos.

Las metodologías que utilizan ciertos creyentes para defenderse o autojustificarse de sus creencias religiosas son, entre otras, estas dos.

La primera toma como objeto de su descalificación al sujeto crítico. Lo tachan de comecuras, de anticlerical fanático, de estar en posesión de una falta de rigor intelectual absoluto, de estar acomplejado, así como una variedad de exabruptos tomados de la dogmática eclesial del siglo XIX. Pues ninguna de estas descalificaciones son modernas, ni pertenecen al acervo religioso actual. Son más decrépitas que la encíclica Humanum genus, de León XIII, contra la masonería y el anticlericalismo, y otras heterodoxias.

Todo ello constituye un alud de argucias terminológicas que no aguantan un mero análisis. Este tipo de adscripciones caracterizan más a quien las hace que al destinario a quien se supone que van dirigidas. ¿Comecuras? Por favor. Tenemos mejores gustos gastronómicos. ¿Anticlericales fanáticos? El anticlericalismo nada tiene que ver con exigir que los cargos públicos cumplan con el carácter no confesional que debe caracterizar el comportamiento de las instituciones del Estado a las que aquellos pertenecen. Ahora bien, si anticlericalismo es ir contra las inmatriculaciones del Episcopado español, lo somos. Si es anticlericalismo exigir que la Iglesia pague el IBI –impuesto sobre bienes inmuebles- como el resto de los vecinos, también. Y, para terminar, si anticlericalismo es sinónimo de oponerse a que los principios sobrenaturales y metafísicos sustituyan como norma de conducta a los principios autónomos, derivados del Código Civil, lo somos. Pero de ahí a comerse un obispo aunque lo cocine Berasategi, hay un océano…

La segunda metodología suele centrarse en cuestiones ajenas con el fondo de lo que se discute y se afirma. Solo pretenden despistar y desviar el objeto de la crítica, centrada en el tema de la confesionalidad. Estaría bien que sobre estas cuestiones se dejasen de lado tesis pasadas y tópicos seculares que nada aportan a dilucidar el cumplimiento de lo que estipula la constitución en materia de la no confesionalidad. ¿Qué tiene que ver con esta la afirmación de que el crucifijo es un objeto inocuo y no daña a nadie? Lo sabemos. Lo es. Pero, haberlo convertido históricamente en un símbolo justificativo de la barbarie, cuestionaría esa supuesta insustancialidad. En cualquier caso, si lo es, inocuo, ¿por qué darle tanta importancia?

Más argucias, ¿qué tiene que ver la no confesionalidad constitucional con decir que Europa es hija del cristianismo o que tal o cual escritor, sea Baroja o Voltaire, dijeron en una ocasión que creer en Dios venía muy bien para cohesionar la sociedad? Utilizar la metonimia, tomar la parte por el todo, no es un buen método de análisis; es dejadez mental. Pues, como contrapartida, se podría apelar a otros testimonios, que desbaratarían nuestra argumentación basada unilateralmente en hechos, anécdotas y frases recurrentes.

Tampoco lo es quedarse con la cáscara y olvidarse de la nuez que contiene. O, lo que es lo mismo, tomar el continente por el contenido. Para nosotros, las prácticas confesionales de los cargos públicos al celebrar la tradición de san Miguel o de san Fermín tienen la misma naturaleza y no son congruentes con la Constitución. Y tanto monta Migueliko como desmonta Ferminxto. ¿Que a los nacionalistas les gusta más el primero que el segundo? Allá ellos, pero deberían andarse con cuidado. Los carlistas, corriente Baleztena Azcárate, afirmaban con su habitual dogmatismo que “san Miguel es uno de los nuestros”.

Hablábamos antes de nuestra latitud. ¿Qué vemos en ella? Un panorama donde los cargos públicos políticos incumplen el mandato de no confesionalidad. La CAV podría pasar por ser el frente confesional institucional por excelencia. A sus cargos públicos más relevantes solo les falta ir bajo palio cada vez que asisten a un evento religioso.

El presidente de Euskadi, Urkullu jauna, que se declara socialcristiano como su partido, y que como lehendakari juró su cargo, no se pierde acto religioso alguno donde aterrice un casullas, sea en Arantzazu, en Azpeitia y en Gazteiz. Los alcaldes de Bilbo, Gasteiz y Donostia pasean su fe y, supuestamente, la de los demás en procesiones, salves y misas pontificales. Los diputados del PNV, ídem. Y la presidente de las Juntas Generales de Bizkaia, Ana Otadui, asiste encantada a la misa en honor de Valentín de Berriochoa. En ella comulga. No se sabe si lo hace, también, en representación de la ciudadanía, o solo a cuenta de sus papilas gustativas y metafísicas. En cuanto al alcalde de Iruña, dejémoslo estar. Bastante tiene con su esquizofrenia particular, que le lleva a disociar procesiones y misas como si ambas no cultivaran la misma sustancia metafísica.

Todos estos cargos públicos asisten a dichas procesiones, porque se lo pide sus creencias personales. Y la tradición. Faltaría más. ¿Qué sería del pensamiento buru batzar sin la tradición, baluarte inexpugnable de su credo religioso y político?

Menos mal que el PNV se manifestó en 1977 como un partido no confesional. Visto el comportamiento de sus dirigentes, estaría por ver qué entienden por dicho concepto. Hasta la fecha, lo único que han demostrado, al menos sus cargos públicos, es manifestar que son tan confesionales como un Te Deum.

Ateneo Basilio Lacort

(Víctor Moreno, Fernando Mikelarena, Txema Aranaz, Pablo Ibáñez, Ramón Urtasun, Carlos Martínez)

 

 

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