LAS FALSAS CERTEZAS DE JAIME IGNACIO DEL BURGO

JaimeIgnacioDelBurgo

Tal y como ha informado la prensa, nuestro compañero José Ramón Urtasun ha sido citado el día 23 a un acto de conciliación por Jaime Ignacio del Burgo, entre otras cosas, por haber vulnerado supuestamente el derecho al honor del padre de éste último, Jaime del Burgo Torres. Para ello se basa en una interpretación personal y una mezcla interesada de dos de los textos de autores diferentes que acompañaban a dos de los cuadros de la exposición «Navarra 1936», exhibida en el atrio del Parlamento de Navarra en abril de este año y en infinidad de lugares con anterioridad. Del Burgo omite, deliberadamente o por no conocer la exposición más que oídas, que los textos supuestamente injuriosos ni siquiera son del pintor al que cita en los tribunales, sino de otros autores.

En su requisitoria, Del Burgo dice que su padre, «en julio de 1936», no formaba parte «de ningún órgano de gobierno nacional, regional o local de la Comunión Tradicionalista, ni tampoco ejercía el mando de los requetés de Navarra». Y que «no tuvo participación en ningún acto de violencia (asesinatos) o represión como los que se denuncian en la exposición, ni en Navarra ni en ningún otro lugar de la geografía española, siendo un hecho históricamente demostrado que el mismo 19 de julio de 1936, encuadrado junto a los requetés de Pamplona y bajo el mando del Coronel García Escámez, salió con destino a Madrid. Luchó en el frente de Somosierra hasta finales del mes de septiembre de 1936 y poco después fue destinado a Guipúzcoa con la finalidad de organizar el Tercio de Nuestra Señora de Begoña integrado por requetés vizcaínos. Procede recordar que entre julio y septiembre de 1936 se produjo la mayor parte de los crímenes denunciados en la exposición».

Concluye Jaime Ignacio del Burgo que «por consiguiente, es absolutamente falsa y contraria a la verdad histórica la idea, que se transmite en la misma, de que la sublevación del 19 de julio en Pamplona y la posterior represión fue responsabilidad de “los requetés carlistas de Del Burgo”». Seguidamente abunda en las mismas ideas expuestas en el párrafo anterior.

Tales tesis en relación con su padre ya fueron anticipadas por Jaime Ignacio del Burgo en el apartado introductorio del libro de Félix Maíz, Mola frente a Franco, publicado en 2007. En la nota 53 de dicho apartado introductorio afirma, basándose en las fechas de la correspondencia que desde el frente su padre envió a su madre, que estuvo en Somosierra hasta que el 14 de septiembre de 1936 fue operado de apendicitis en Riaza, haciendo constar que a finales de dicho mes fue requerido por la Junta Carlista de Guerra de Navarra para que se trasladara a la San Sebastián ya liberada, para organizar un tercio formado por carlistas vizcaínos. También alude a una carta en la que su padre, al informarle su mujer de los actos de represión que estaban teniendo lugar en Pamplona, celebraba no estar en Navarra.

En la defensa de Jaime Ignacio del Burgo, aparte de obviarse el muy activo papel de su padre en la preparación militar del golpe sangriento que fue seguido de la sistemática eliminación física de todo republicano significado, se deja de lado, oculta u omite un hecho capital: según se publicó en la prensa el 18 de octubre de 1936, Esteban Ezcurra, Jefe de Requetés de Navarra, designado en tal cargo el 7 de agosto de 1936, debiendo ausentarse de Pamplona, dispuso que durante su ausencia le sustituyera «con plena representación de las facultades que me han sido conferidas don Jaime del Burgo Torres. Lo que comunico a los señores jefes, oficiales, clases y soldados, para su conocimiento y demás efectos».

El mismo día 18 se publicó en la prensa una orden firmada “p. o.” (es decir, “por orden”) por el Capitán de Requetés, Jaime Del Burgo Torres en virtud de su nombramiento provisional, mediante la cual se convocaba a formar a las fuerzas del Requeté en el patio del Cuartel de Escolapios para asistir a los funerales de Don Alfonso Carlos en la catedral de Pamplona. El domingo 25 se publicaba una orden del 24 en la que consta explícitamente su nombre: el Jefe de Requetés. P. O. El Capitán, Jaime del Burgo. La orden versaba sobre la comparecencia de dos requetés en dicha Jefatura. También el día 28 consta otra orden del día 27 en la que figura la firma del “capitán jefe accidental, Jaime del Burgo”. En La Voz de España de San Sebastián del 18 de octubre también se informó del relevo.

Así pues, al menos entre el 18 de octubre de 1936 y el 27 del mismo mes Jaime del Burgo Torres fue Jefe de Requetés de Navarra. En consecuencia, son matizables las afirmaciones sostenidas por su hijo, según las que su padre no ejerció mando alguno sobre los requetés en Navarra durante aquellos meses. Desde luego, el hijo prolonga el silencio del padre sobre tal cuestión en su libro Conspiración y guerra civil. Jaime del Burgo Torres omitió en dicho libro la mención a haber ocupado eventualmente el cargo que ocupó por unos días, pese a la constancia documental que hay de que lo hizo.

Tal y como recogen la prensa y diversos testimonios, el Cuartel de Requetés, en el que estaba instalada la Jefatura, estaba en el colegio de los padres escolapios. Debe recordarse que en dicho Cuartel de Escolapios estaba alojado el Tercio Móvil, que era la unidad de la milicia requeté encargada de las ejecuciones. En una pequeña parte del edificio había instaladas 50 camas para los voluntarios de dicha unidad.

Habrá que señalar que en esas fechas, el 21 de octubre, se produjo la conocida saca de Tafalla, la mayor saca de las registradas en 1936 y 1937, sustanciada en los fusilamientos de 64 personas en Monreal. Diversos testimonios hablan de la participación de los requetés y del Tercio Móvil. Esa unidad requeté habría participado en el fusilamiento de varios vecinos de Aoiz y de su comarca, en el mismo lugar, un mes antes. Hay igualmente testimonios de su participación directa, pero no exclusiva, en la matanza de Valcardera.

También hay numerosos testimonios de la labor represiva y de los asesinatos llevados a cabo por Benito Santesteban, uno de los subordinados de Esteban Ezcurra en la Jefatura de Requetés de Navarra. Asimismo, los documentos hablan de la presencia de Esteban Ezcurra y Benito Santesteban en el control de las entradas y las salidas en la cárcel provincial de Pamplona, en virtud de las responsabilidades propias de sus cargos.

Además de la Jefatura de Requetés, el Cuartel de Escolapios acogía también un centro de detención propio de los requetés, de lo que hay numerosos testimonios y en el que hubo numerosos detenidos a lo largo de todos esos meses, incluido por supuesto octubre de 1936. De hecho, los frailes escolapios se quejarán a mediados de diciembre de 1936 de la permanencia de presos en las dependencias de su colegio.

Por otra parte, la designación temporal de Jaime del Burgo Torres como Jefe de Requetés de Navarra, cargo que habría ocupado al menos entre el 18 y el 27 de octubre de 1936, presupone la existencia de una estrecha relación de confianza entre aquel y el órgano superior de los Requetés, la Junta Central Carlista de Guerra de Navarra. No fue ese el único contacto que tuvo con los prohombres de dicho órgano. Él mismo cuenta que el 28 de septiembre la Junta Central le designó ese día Delegado de la misma para todo lo que se relacionara con el Requeté navarro en las provincias del Norte reincorporadas a España. Cargo o responsabilidad que Del Burgo aceptó.

También hay numerosos testimonios de la labor activa de la Junta Central Carlista de Navarra en la ejecución de la limpieza política registrada en Navarra. Limpieza política que, sea dicho de paso, no finalizó en Navarra en septiembre, ni mucho menos, sino que continuó en los meses siguientes. Lo mismo sucede con las cifras de encarcelados en los centros de detención de los que existen informaciones. Pese a al expurgo documental realizado en los largos años de la dictadura franquista, en la que Jaime del Burgo Torres ostentó diversos cargos y honores, pese a los olvidos y la desmemoria de la transición y los años posteriores, hay hechos documentados que no es posible ocultar.

Firman este artículo: Víctor Moreno, Fernando Mikelarena, Pablo Ibáñez, José Ramón Urtasun, Carlos Martínez y Txema Aranaz (Ateneo Basilio Lacort)

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