MIGUEL ÁNGEL MUEZ

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Recientemente se nos ha ido Miguel Ángel Muez. En nuestro ateneo lacortiano, su figura ocupa un lugar preferente. No hace mucho todavía que nos contaba la anécdota –singular como todas las suyas– de una visita que siendo concejal realizó al cementerio pamplonés y al pasar junto a la tumba de D. Basilio Lacort, el capellán de guardia que le acompañaba, señalándola admonitoriamente, le dijo: “Aquí yace un famoso sectario…” y prosiguió su camino tan ufano.

Nuestro hombre, ejerció como concejal entre los años 1967 y 1979 (fecha en que se celebraron las primeras elecciones municipales democráticas tras el franquismo). Son muchas las crónicas que situaron al Ayuntamiento de Iruñea como el más complicado del país. Ello se debió a la presencia constante en esos años de un grupo de concejales que fueron conocidos como concejales “sociales” o “rojos”, que fueron elegidos mediante el único resquicio que la legislación de la época dejaba para la elección ciudadana, y que no era otro que el limitado ejercicio de la “democracia orgánica” mediante la elección del denominado “tercio familiar”.

Eran los “años de plomo” del régimen franquista en los que la lucha municipal pamplonesa, muy activa y muy polémica por la intervención de estos concejales “rojos” del tercio familiar, constituyó un fenómeno insólito que ha merecido el estudio y el análisis de varios autores.

Miguel Ángel Muez formó parte en los Ayuntamientos de la época (desde 1967 a 1979), junto a ese grupo de concejales, al igual que sus amigos Jacinto Martínez Alegría y Jesús Mª Velasco. También lo fueron durante algunos años los concejales Sres. Echaniz, Pérez Balda, Sáez, López Cristóbal, Caballero y Eguiluz, ya fallecidos, y el que fuera alcalde, Javier Erice.

Este grupo de concejales, del que tal vez fuera Muez su representante más reconocido y destacado, fue protagonista de singulares actuaciones en la labor política de ámbito municipal en pleno franquismo y fueron sin duda los artífices de unos logros ciudadanos, decisiones para nuestra ciudad que no solo marcaron una época –la suya propia– lastrada por el fascismo y la falta de libertades, sino que nos sirvieron de pauta y modelo de comportamiento a las generaciones futuras para vivir en una Pamplona, marcada por la defensa de lo público y del interés general, dando voz a la ciudadanía y todo ello con una actuación personal, ejemplar, austera y de honradez acrisolada a lo largo de toda su vida pública.

Con su participación, su impulso decisivo y su sello personal, cabe decir que se pusieron en marcha actividades como la Ikastola Municipal, Andraize, COTUP, Donapea, recuperación de la Ciudadela, la creación de la Inmobiliaria Municipal, para evitar la especulación inmobiliaria y promover la construcción de viviendas sociales en régimen cooperativo (San Juan, Ermitagaña, etc.) o la recuperación de Aranzadi para zona deportiva. Sin olvidarnos de la defensa a ultranza del euskera, la reivindicación constante de democracia y libertad, además de ser de los que promovieron la normalización de la Ikurriña en el Ayuntamiento pamplonés en el año 1977.

Todo ello les supuso un alto coste personal en forma de insultos, amenazas, intentos de corrupción, suspensiones, multas, querellas y hasta el despido laboral que afrontaron con total dignidad y coherencia.

Todavía era ayer cuando pudimos ver a Muez, Martínez Alegría y Velasco en primera línea para la defensa del Patrimonio Histórico y Arqueológico de nuestra ciudad en la lucha vecinal y popular contra el expolio de la Plaza del Castillo. El propio Muez y Martínez Alegría fueron detenidos en tal ocasión, y sometidos a juicio por desobediencia.

Muez nos dijo muchas veces que en su labor municipal tuvieron muchos errores, lo que le honra, pues errores y descalabros los tienen todos aquellos hombres que no son superficiales, ya que tan sólo se salva del error el mediocre o el cretino y Muez no era ni una cosa, ni otra.

Entre sus características fundamentales habría que destacar sobre todo la de su honradez ejemplar, su sentido de lo público, su afán por la democracia y una austeridad a resguardo de cualquier tentación.

Muez no respondía a los prototipos de “Concejal mozopeña” ni “Concejal cuerpociudad”, a los que por desgracia estamos acostumbrados, y tampoco podría considerársele representativo de la clase política que se define y autoproclama “nosotroslosdemócratas”.

Su sentido de la democracia le llevaba a tener ideas muy claras de lo que era representar y querer a su ciudad, así como a definir los límites de la laicidad a la hora de ejercer su cargo en las épocas del fascismo más duro, por lo que tuvo que pagar un alto precio, junto a su familia y amigos.

Nos queda por fortuna una muestra de su pensamiento en el libro que en el año 1970 escribieron como guía de su actuación municipal. Hablamos de Ayuntamiento y Pueblo, que debiera ser libro de cabecera de nuestros concejales y del que son coautores entre otros los Sres. Muez, Eguiluz y López Cristóbal.

Allí podemos leer cosas como las siguientes:

El diálogo Ayuntamiento-Pueblo, era el primer objetivo y casi único que quería fijarme al igual que mis compañeros de candidatura. Todo lo demás surgiría de este diálogo o no tendría razón de ser…”.

“Un concejal puede perder todas las votaciones, lo que no puede perder es la fe en el pueblo y el contacto y la visión de la realidad”.

“La propiedad privada del suelo, es la auténtica ruina de la ciudad y la fuente de la mayor explotación”.

“Emprender la tarea de socializar o municipalizar los servicios de transporte urbano es tarea urgente, exigida y exigible por una convivencia humana moderna”.

“No hay acción municipal que merezca la pena si no es cauce de diálogo y participación del pueblo en las tareas del Ayuntamiento”.

“La realización urbanística es el alma de la ciudad, como la forma arquitectónica es su faz. Si ambos son mediocres, mediocre es la ciudad y esta mediocridad nos impregna”.

“Hay que hacer llegar al pueblo la idea de que cuando se especula con el suelo se le está robando descaradamente”.

“Hay que hacer llegar al pueblo la idea de que la ciudad es suya. Que el Ayuntamiento debe estar a su servicio. Que si la piratería del suelo es posible gracias a la presión, no menos presión puede ejercer un pueblo dispuesto a recuperar los hitos que se le han usurpado”.

“Lo que sí ha pretendido es descubrir a los eternamente administrados, que también pueden ser administradores”.

He aquí un breve muestrario de sus actuaciones y del pensamiento que guió las mismas. Está claro que el censor de turno ni se enteró, por lo que nuestra ciudad salió ganando y nosotros también.

Muez y sus compañeros y amigos concejales forman parte de nuestro pamplonario particular, y bien merecen ser recordados como personas que de forma desinteresada, amaron esta ciudad, y como ejemplo a seguir por los actuales Ayuntamientos.

Si nos encontráramos con el capellán de guardia antes mencionado, seguro que en lugar de un famoso sectario, nos hablaría de dos. Cabe la esperanza de seguir sumando sectarios como éstos hasta germinar una Pamplona para todos.

Pamplona, 26 de Septiembre de 2016

En representación del Ateneo Basilio Lacort,

Pablo Ibañez, Víctor Moreno, Fernando Mikelarena, José Ramón Urtasun, Carlos Martínez, Txema Aranaz.

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